
El 6 de abril de 1938, Roy Plunkett, un químico de 27 años de DuPont, iba a usar un gas refrigerante, el tetrafluoroetileno, y la bombona no soltó nada. Lo raro: pesaba lo mismo que llena. En vez de tirarla, la serró por la mitad y encontró un polvo blanco y ceroso que no se parecía a nada conocido.
El gas se había polimerizado solo. Aquel material, el politetrafluoroetileno, resultó ser absurdamente resbaladizo y resistente a casi cualquier ácido o calor. Su primer trabajo fue secreto: sellar juntas en el Proyecto Manhattan.
A la sartén llegó por otra carambola: en los años cincuenta, un ingeniero francés lo usaba en sus aparejos de pesca y su mujer le sugirió probarlo en la cocina. De ahí nació Tefal. Un fallo en una bombona acabó friendo huevos en medio planeta.