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Idea · Del catálogo de Margen
El aburrimiento no es un fallo: es una sala de espera
Aprendimos a tratar el aburrimiento como una avería que hay que reparar de inmediato con la pantalla más cercana. En cuanto aparece un hueco —el ascensor, la cola, el semáforo—, lo rellenamos.
Pero el aburrimiento no es un error del sistema: es una sala de espera. Es el único momento en que tu cabeza, sin tarea que atender, empieza a hablarte de verdad. Ahí nacen las ideas raras, los recuerdos que faltaban, las decisiones que llevabas semanas evitando.
Cada vez que tapas el aburrimiento al instante, cuelgas justo cuando iba a decir algo. Prueba a quedarte diez segundos más en el silencio. No es tiempo perdido: es tu propia voz llamando.