← Todas las lecturas

Curiosidad · Del catálogo de Margen

Amas ese mueble porque lo montaste tú

En 2011, investigadores de Harvard y Duke pidieron a voluntarios montar cajas de IKEA y hacer figuras de papiroflexia. Después les preguntaron cuánto pagarían por conservarlas... y las tasaron muy por encima de piezas idénticas montadas por otros. Sus origamis torcidos les parecían casi tan valiosos como los de un experto.

Lo bautizaron «efecto IKEA»: el esfuerzo propio infla el valor de lo construido. No amas el mueble a pesar de haber sudado con las instrucciones; lo amas precisamente por eso.

Hay letra pequeña: el efecto solo aparece si terminas el montaje. Las chapuzas abandonadas a medias no generan cariño, solo frustración.

La próxima vez que alguien defienda con pasión su estantería coja, su bizcocho hundido o su proyecto imposible, ya sabes qué está pasando: no defiende el objeto. Defiende sus horas.