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Poema · Del catálogo de Margen

Los trenes que no tomé

Hay una estación en alguna parte donde esperan, pacientes, todos los trenes que no tomé.

El de aquella beca en el norte. El que salía a las seis y cuarto de la boca de un hombre que no me atreví a besar. El tren pequeño y absurdo de una vida en un pueblo con río.

No les guardo rencor. A veces les escribo: qué tal el andén, pregunto, qué tal la vía muerta, y ellos contestan con ese silbido largo que solo oyen los que se quedaron.

Porque este andén también es un tren, solo que más lento: la casa, el trabajo, tus manos, el pan de cada día en su vagón de siempre.

Un tren que no anuncia paradas y sin embargo me está llevando.