Este cuerpo tiene su cartografía: aquí la rodilla de la bici a los nueve, aquí la vacuna que ya no se pone.
Aquí, más abajo del codo, la noche que salté una verja por una apuesta que gané y un chico que perdí.
Cada marca es un lugar: un agosto, un quirófano, un descuido. La piel guarda actas de todo con una letra pequeña y blanca que solo se lee de cerca.
Por eso desnudarse es siempre enseñar el mapa: mira, aquí me caí, aquí me abrieron, aquí me curé mal pero me curé.
Y que alguien recorra tus cicatrices sin preguntar el precio de cada una, solo diciendo aquí, y aquí, y aquí, como quien planea un viaje: eso. Eso es la ternura.