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Idea · Del catálogo de Margen

No lo hicieron contra ti

El mensaje que no contestan, el coche que se te cruza, el correo seco de un compañero. La lectura instintiva es siempre la misma: lo han hecho contra mí. A esa trampa responde una vieja regla mental, la navaja de Hanlon: nunca atribuyas a la mala fe lo que puede explicarse por descuido.

No es ingenuidad; es estadística. La gente olvida, va tarde, escribe con el niño llorando al lado, contesta sin releer. Los despistes son muchísimo más frecuentes que las conspiraciones, así que la explicación inocente acierta casi siempre. Y tiene una ventaja práctica: si respondes a un descuido como si fuera un ataque, el ataque acaba existiendo — solo que lo has fabricado tú.

La navaja tiene su límite, claro: lo que se repite ya no es un despiste, es un patrón, y a los patrones conviene hacerles caso. Pero como primera hipótesis funciona: casi nadie está pensando en ti. Es humillante y es liberador, exactamente en ese orden.