Curiosidad · Del catálogo de Margen
Copenhague inventó la UCI con 1.500 estudiantes y una bolsa

Copenhague, 27 de agosto de 1952: en el hospital Blegdam, adonde Vivi Ebert había ingresado el día anterior, el anestesista Bjørn Ibsen le abrió la tráquea a la niña —doce años—, le metió un tubo y empezó a apretarle a mano una bolsa de goma para llenarle los pulmones de aire. Vivi tenía polio bulbar, la forma que paraliza los músculos con los que se respira y se traga. Aquella bolsa, apretada por turnos durante meses por unos mil quinientos estudiantes, es el origen directo de lo que hoy llamamos una UCI.
La ciudad estaba en la peor epidemia de polio de su historia. Entre julio y diciembre ingresaron en el Blegdam más de 2.700 enfermos; 866 quedaron paralizados y 316 perdieron los músculos de respirar o de tragar. Para esos 316, el hospital disponía de un pulmón de acero —el cilindro metálico que hace de fuelle desde fuera— y seis corazas respiratorias, conchas rígidas que tiran del pecho hacia arriba. Según las cifras que publicó el propio hospital, de cada diez enfermos con la forma grave se morían casi nueve.
El jefe del hospital, H. C. A. Lassen, era el mayor especialista danés en enfermedades infecciosas y sostenía que aquellos enfermos morían de un fallo renal provocado por el propio virus. Ibsen, anestesista formado en Boston, dijo que no. Se morían de anhídrido carbónico: el gas que se suelta al vaciar el pecho se les quedaba dentro, porque no tenían músculos para expulsarlo, y les acidificaba la sangre hasta matarlos. Un problema de fontanería. Y la fontanería tenía solución, porque era exactamente lo que un anestesista hace cada mañana en un quirófano: abrir la tráquea, meter un tubo con globo y empujar el aire hacia dentro.
Lassen le dejó probarlo con Vivi, que se estaba muriendo. En cuestión de días el hospital entero había cambiado de método, y ahí apareció el problema real: no existían máquinas que apretaran la bolsa: había estudiantes.
Copenhague llamó a los estudiantes de medicina y de odontología de la ciudad. Unos 250 cada día, en turnos de seis y ocho horas, sentados en una silla junto a una cama, apretando una bolsa al ritmo de una respiración ajena. Pasó por allí casi todo el que estudiaba medicina u odontología en la ciudad. Cada uno tenía en la mano una vida entera y no podía distraerse: si el estudiante paraba, el enfermo dejaba de respirar. Muchos aún no habían acabado la carrera.
La mortalidad de la forma grave bajó del 87 % a cerca del 40 % en pocas semanas, y al cabo de un año al 11 %. Ibsen se incorporó al Hospital Municipal de Copenhague el 1 de agosto de 1953 y en diciembre abrió allí una sala donde se juntaba a los enfermos más graves en vez de repartirlos por las plantas, con vigilancia continua y un anestesista al mando. Está considerada la primera unidad de cuidados intensivos del mundo.
Vivi Ebert dejó de necesitar ventilación continua en enero de 1953, salió del hospital tetrapléjica en 1959 y murió en 1971, a los treinta y uno. Los estudiantes que se relevaron unos a otros junto a su cama y las de los demás sumaron 165.000 horas apretando la bolsa.