
Cuatro psicólogos —Harold Pashler, Mark McDaniel, Doug Rohrer y Robert Bjork— revisaron en 2008 las pruebas de los estilos de aprendizaje, la idea de que cada persona rinde más si le enseñan por «su» canal: visual, auditivo o manual. Buscaban un tipo concreto de experimento, el cruzado, que es el único capaz de demostrarlo. De los cientos de trabajos publicados encontraron un puñado, y todos apuntaban al revés: emparejar canal y alumno no mejoraba la nota.
El experimento es fácil de imaginar. Clasificas a los alumnos en visuales y auditivos; a la mitad de cada grupo le das la lección en su canal y a la otra mitad en el contrario; comparas. Si la teoría vale, cada uno tiene que ganar con el suyo. En 2019, Husmann y O'Loughlin lo montaron así con más de cuatrocientos estudiantes de anatomía: los que estudiaban según su perfil no sacaron mejor nota.
Lo que sí decide es el material, no la persona. La geografía se aprende mejor con mapas, y le pasa a todo el mundo; la pronunciación de un idioma se aprende con sonido, y también le pasa a todo el mundo.
Así que mañana, antes de ponerte con algo, no te preguntes qué tipo de alumno eres. Pregúntate de qué está hecho eso que quieres aprender y estúdialo en ese formato: mapa, sonido, gesto o texto.