← Todas las lecturas

Idea · Del catálogo de Margen

Dale hora a tus preocupaciones

Es una técnica clásica de la psicología clínica, propuesta por el equipo de Thomas Borkovec en los años ochenta: en vez de pelearte con cada preocupación cuando aparece, resérvale una cita. Quince o veinte minutos al día, a la misma hora y en el mismo sitio. Ese es el momento de preocuparse a fondo; el resto del día, cuando algo te asalte, lo apuntas en una lista y le dices: te veo a las seis.

Parece un truco tonto y es lo contrario. Primero, porque aplazar no es reprimir: la preocupación queda registrada y sabe que tendrá su turno, así que deja de llamar a la puerta cada diez minutos. Segundo, por lo que pasa a las seis: la mitad de las notas, leídas en frío, ya no asustan; se han resuelto solas o eran humo. Y las que quedan, al mirarlas de frente y por escrito, suelen convertirse en algo mucho más manejable: una tarea.

Los ensayos clínicos lo avalan desde hace décadas: menos rumiación, mejor sueño. La preocupación, como casi todo, trabaja mejor con horario de oficina.