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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Ocho meses en Panamá le costaron a Escocia su parlamento

En julio de 1698 salieron del puerto de Leith, al lado de Edimburgo, cinco barcos con unos 1.200 pasajeros a bordo. Iban a fundar una colonia escocesa en el istmo de Darién, en lo que hoy es Panamá. La colonia duró ocho meses, y nueve años después el Parlamento de Escocia votó su propia disolución con la factura de aquel viaje dentro del acuerdo.

La idea era de William Paterson, un comerciante escocés que había participado en la fundación del Banco de Inglaterra. Su razonamiento era geográfico: entre el Atlántico y el Pacífico hay un punto donde la tierra se estrecha a menos de cien kilómetros. Quien pusiera allí un almacén cobraría peaje al comercio de medio mundo sin tener que doblar el cabo de Hornos. Doscientos años después, en ese mismo istmo, se abrió el canal de Panamá.

Escocia era en 1695 un país pobre y con el comercio cerrado desde fuera: las Actas de Navegación inglesas —leyes que reservaban el tráfico con las colonias a barcos ingleses— la dejaban fuera del negocio americano. Su Parlamento respondió creando por ley, en junio de 1695, la Compañía de Escocia para el Comercio con África y las Indias. Los inversores ingleses se apuntaron primero y se retiraron después, presionados por la Compañía de las Indias Orientales, que no quería un competidor al norte. El dinero tuvo que salir entero de dentro: se suscribieron 400.000 libras esterlinas, una cantidad que desde entonces se calcula en torno a la quinta parte de todo el capital disponible del país. Lo pusieron gremios, concejos, abogados, viudas y tenderos, en apuntes de cien libras y de veinticinco.

La flota llegó a Darién el 2 de noviembre de 1698 y bautizó el sitio Nueva Caledonia. Levantó un fuerte, Fort St Andrew, y una aldea a la que llamó Nueva Edimburgo.

Habían desembarcado en uno de los lugares más lluviosos del continente, justo al final de la temporada de lluvias, y con las bodegas llenas de pelucas, peines, espejos, medias de lana gruesa, zapatos y biblias: mercancía pensada para un mercado europeo y embarcada hacia una selva a diez grados de latitud norte. No vendieron casi nada. Lo que llegó deprisa fue la fiebre y la disentería: en el peor momento enterraban a una decena de colonos al día, y el diario de un superviviente habla de jornadas de doce y de catorce. A pocos días de marcha había guarniciones españolas, porque aquello era territorio reclamado por España. Y de las colonias inglesas del Caribe, que era de donde podían llegar las provisiones, no llegó ninguna: Inglaterra les prohibió socorrerlos, y los barcos escoceses que lo intentaron en Jamaica y en Nueva York volvieron sin nada.

En julio de 1699 los supervivientes abandonaron el fuerte. De los 1.200 que habían salido de Leith sobrevivieron unos 300, y a Escocia volvieron bastantes menos: la Caledonia desembarcó a unos 250 en Nueva York.

Una segunda flota ya había zarpado sin saber nada de esto. Llegó en noviembre de 1699 con cerca de 1.300 personas más, encontró el poblado abandonado y volvió a intentarlo. Las tropas españolas los bloquearon entre febrero y marzo de 1700, la capitulación se acordó a finales de marzo y la evacuación fue el 11 de abril. Entre las dos expediciones murieron alrededor de 2.000 personas.

El dinero no volvió, y con él se fue el ahorro de toda una clase de inversores pequeños: los mismos gremios, concejos y tenderos de los apuntes de veinticinco libras. Cuando en 1706 se negoció la unión de los dos parlamentos, aquello entró en el tratado.

El artículo XV creó lo que se llamó el Equivalente: 398.085 libras con 10 chelines —casi exactamente lo que se había suscrito para Darién— que Inglaterra pagaría a Escocia a cambio de que esta asumiera parte de la deuda inglesa. El artículo ordenaba, además, devolver a los accionistas de la Compañía de Escocia su capital con un 5 % de interés anual y liquidar la compañía.

Los de los apuntes de veinticinco libras no cobraron en 1707. Cobraron un papel: obligaciones al 5 % emitidas a partir de 1708, cuyo interés se quedó sin pagar unos seis años. Hasta 1719 no se creó un fondo anual de 10.000 libras, cargado sobre aduanas y sisas, para ir atendiéndolas: sobre las 400.000 suscritas, un 2,5 % al año, la mitad de lo prometido. Los tenedores de aquellas obligaciones acabaron agrupándose, en 1724, en una sociedad creada para cobrarlas: la Equivalent Company.

Tres años después, en 1727, esa sociedad abrió un banco para dar salida al dinero. Se llama Royal Bank of Scotland.