
En la fase del sueño en la que soñamos con más intensidad, la llamada fase REM, tu cerebro está casi tan activo como despierto. Los ojos se mueven a sacudidas bajo los párpados y la mente monta historias enteras. Y sin embargo, tu cuerpo no se mueve.
No es casualidad: durante esa fase, el cerebro desconecta los músculos del cuerpo y te deja prácticamente paralizado. Solo siguen a lo suyo lo imprescindible, como el corazón, el diafragma para respirar y los propios ojos.
Es un mecanismo de seguridad brillante. Si corres en sueños, tus piernas no salen corriendo de verdad; si peleas, no le pegas un puñetazo a la pared.
Cuando ese freno falla, la gente llega a dar patadas o saltar de la cama dormida. Que casi nunca te pase es la prueba de que, cada noche, alguien echa el cerrojo por ti.