Curiosidad · Del catálogo de Margen
«Abracadabra» empezó siendo una receta médica

La primera receta conocida de «abracadabra» no está en un manual de magia, sino en uno de medicina. En el siglo III, Sereno Samónico, médico y erudito romano, recomendaba en su Liber Medicinalis un tratamiento contra unas fiebres persistentes (probablemente la malaria): escribir ABRACADABRA en un papiro y repetir la palabra línea a línea con una letra menos cada vez, hasta acabar en una sola A. El texto formaba un triángulo invertido que el enfermo llevaba colgado del cuello.
La lógica era la de la magia simpática: igual que la palabra se iba encogiendo hasta desaparecer, la enfermedad debía menguar con ella. El origen del término sigue discutido —se han propuesto raíces arameas y hebreas—, pero su carrera como talismán está documentada durante siglos: todavía en la peste de Londres de 1665 había vecinos que clavaban el triángulo en las puertas.
Solo mucho más tarde saltó la palabra del botiquín al escenario. Cuando un mago la pronuncia hoy antes del truco, está recetando, sin saberlo, uno de los medicamentos más antiguos que se recuerdan. Eficacia no garantizada.