Por capítulos · Las doce ultimas noches del 803 · Del catálogo de Margen
Un expediente con su nombre llega el día 31

Antes: Amelia Sanchís sube al 803 un pasajero por noche: cada uno sabe dónde vive el siguiente. La lista de 1998 tiene un tachón.
Quedan siete noches. A las 22:50, con el 803 todavía parado en la vía dos de Ribadeña, Casilda Trigo, jefa de estación, le hizo a Olalla Berruezo la señal de siempre —dos dedos y la barbilla hacia la oficina—, y Olalla, revisora del 803, hizo como que no la había visto.
Llevaba seis días evitando esa oficina. El 31 levantan la vía entre Ribadeña y Puente Alcor, y desde la llamada de las tres y catorce del jueves Olalla había decidido que lo que no se pregunta no se contesta.
A las 23:40 el 803 salió con las luces encendidas y sin un solo viajero, igual que todas las noches desde el 19.
A las 00:11, en el kilómetro treinta y uno con dos, Fermín Aizpún, maquinista que se jubila el 31, frenó en el apeadero cerrado de Vallonga y abrió la puerta uno sin que nadie se lo pidiera.
Subieron tres. Amelia Sanchís, maestra jubilada de Ribadeña, con su abrigo azul marino, y detrás dos mujeres de setenta y muchos con el mismo abrigo granate y distinto bolso.
—Trini Berrocal. Costurera. —Elvira Berrocal. Costurera también. —Del economato de la presa las dos —dijo Trini—. Doce años. —Once —dijo Elvira—. Tú entraste antes que yo.
Olalla las llevó a la fila siete y se quedó de pie con la picadora en la mano, que era lo único de aquel tren que seguía funcionando exactamente como estaba escrito.
—Señoras, este tren no lleva viajeros. —Ya nos ha avisado la maestra de que lo dice usted todas las noches —contestó Trini, y sacó del bolso una cartulina fina—. Ribadeña a Puente Alcor, ida, catorce de noviembre de 1998. Sin picar. —Y el mío —dijo Elvira. —El suyo lo llevo yo. —Porque te lo quedaste. —Porque tú los pierdes.
Amelia se sentó al otro lado del pasillo y sacó el sobre donde apuntaba, que ya iba por la tercera cara.
—Firmas cuarenta y seis y cuarenta y siete —dijo—. Están seguidas. —La cuarenta y seis es mía —dijo Elvira. —La cuarenta y seis es mía —dijo Trini.
Olalla desdobló los cuatro folios grapados encima de la mesita y buscó el folio dos. En la línea cuarenta y seis ponía Berrocal, T. En la cuarenta y siete, Berrocal, E. Lo leyó en voz alta y no se lo agradeció ninguna de las dos.
—Eso lo escribió la maestra a mano —dijo Elvira—. Se equivocaría. —No me equivoqué —dijo Amelia—. Firmasteis en la puerta del economato, un jueves, y firmó primero la que llevaba el carro. —El carro lo llevaba yo —dijeron las dos.
Fermín aflojó en Sotoclaro y volvió a coger velocidad sin que se bajara nadie. Olalla miró el reloj: quedaban treinta y cinco minutos para la llamada.
—¿Y ahora quién? —preguntó, y se dio cuenta de que era la primera vez en seis noches que preguntaba ella primero. —Ovidio Zufiaurre —dijo Trini—. El del almacén del economato. Vive en Puente Alcor, encima de la farmacia, y no le abre la puerta a nadie después de las nueve. —A mí sí me abre —dijo Elvira. —Tú le abres a cualquiera. —Elvira, que la señorita está apuntando.
Amelia apuntó «Zufiaurre, Puente Alcor, encima de la farmacia» en el margen del sobre. Olalla lo apuntó también en el suyo, sin disimular ya.
Antes de Ermua del Río, Amelia se acercó y se quedó mirando por encima de su hombro el folio tres, la línea sesenta y uno, el único nombre tachado de los ochenta y siete.
—Todavía no —dijo. —No le he preguntado nada. —Me lo iba a preguntar.
A las 3:14 sonó el teléfono de empresa. Olalla lo dejó sonar hasta el final, contó los tonos y fueron once. A las 3:52 el 803 entró en Ribadeña otra vez vacío, con tres billetes de 1998 sin picar viajando en tres bolsos que ya no estaban a bordo, y Casilda Trigo la esperaba en el andén con la puerta de la oficina abierta y la luz encendida.
—Seis días esquivándome —dijo Casilda—. Enhorabuena. —¿Me vas a decir tú lo que me va a caer? —Te lo voy a enseñar.
Casilda hizo girar la pantalla del ordenador de la oficina. Era un correo interno del servicio, con tres destinatarios y el asunto en negrita: «803 — cierre de línea. Actuaciones».
«Incoación de expediente disciplinario a la agente Berruezo Berruezo, Olalla, revisora, por falta grave: transporte de personas ajenas al servicio en circulación declarada sin viajeros. Propuesta: suspensión de empleo y sueldo de sesenta días y pérdida del turno de línea.»
—Sesenta días —dijo Olalla. —Baja hasta la fecha.
Abajo, en la casilla donde los correos internos ponen el día en que se abre el procedimiento, había un número de dos cifras.
—Está fechado el 31 —dijo Olalla—. Hoy es 24. —Está fechado el 31 —dijo Casilda—, y lo redactó Mardones el martes a las once y diez de la mañana. Lo pone en la cabecera.