
En el paragüero de la entrada espera plegado, delgado como un lunes.
Solo trabaja los peores días. Nadie lo saca a pasear con sol, nadie lo enseña: se le quiere a la contra, cuando el cielo se viene abajo.
Luego vuelve empapado y lo dejamos abierto en el pasillo, flor negra goteando en las baldosas; por una noche ocupa más sitio que nadie en esta casa.
Por la mañana ya está seco, otra vez delgado detrás de la puerta.
Hay quien te quiere así: aparece cuando llueve y no sabe dónde ponerse los días de sol.