
Un tratado militar chino de hace unos 2.500 años se lee hoy, sobre todo, como un manual para no discutir. El arte de la guerra, atribuido al general Sun Tzu, sostiene una tesis que sigue desconcertando: la excelencia suprema no es ganar cien batallas, sino someter al adversario sin luchar.
Casi todo el libro trata de lo que ocurre antes del choque: conocerte, conocer al otro, elegir el terreno, decidir qué guerras no son tuyas. La fuerza bruta, viene a decir, es el recurso de quien no preparó nada.
Releerlo hoy funciona porque vivimos rodeados de batallas voluntarias: la discusión en el chat familiar, el correo respondido en caliente, la guerra de indirectas en la oficina. Sun Tzu enseña a preguntar antes de desenvainar: ¿qué gano exactamente si gano esto? La mayoría de las veces, la respuesta honesta es nada.