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Microrrelato · Del catálogo de Margen

La red que se llama Casa

En mi edificio hay una red wifi que se llama «Casa». Sin número de piso, sin apellido, sin gracia de vecino ingenioso. Lleva ahí desde que me mudé.

Pregunté en la reunión de la comunidad: nadie la reclama. El del segundo, que instala routers, subió y bajó la escalera con el móvil en la mano, midiendo la señal como un zahorí. Es más fuerte en el rellano del tercero, dijo, pero en el tercero no vive nadie desde hace años.

Me habría olvidado, si no fuera por el detalle de las mudanzas. Cuando los del quinto se marcharon, «Casa» tuvo cobertura máxima durante tres días. Lo mismo cuando murió la señora del primero: aquella semana, tres rayitas en todas partes, hasta en el portal.

Anoche, con mi caja de cartón junto a la puerta y el contrato del piso nuevo firmado, el móvil me pidió algo que no le he sabido negar: «¿Conectarse a Casa?». No tiene contraseña. Nunca la ha tenido. Solo hay que querer entrar.