Curiosidad · Del catálogo de Margen
Calcuta recibió cien toneladas de hielo de Boston en 1833

Ciento ochenta toneladas de hielo salieron del puerto de Boston el 12 de mayo de 1833 y unas cien entraron en un almacén de Calcuta cuatro meses después, todavía en bloques. Las llevó un bergantín de dos palos llamado Tuscany: dieciséis mil millas de mar, rodeando África y cruzando el ecuador dos veces, una bajando el Atlántico y otra subiendo el Índico.
El que montó el cargamento era Frederic Tudor, comerciante de Boston, cuarenta y nueve años, y llevaba veintisiete intentándolo.
Su primer envío fue en 1806: ciento treinta toneladas cortadas en los estanques helados de Massachusetts hasta la isla caribeña de Martinica. Perdió casi todo el dinero. En el muelle no había dónde meter el hielo, nadie sabía para qué servía y se deshizo delante de los compradores. En los años siguientes, Tudor conoció por dentro la cárcel de deudores de Boston, que era entonces un sitio del que se salía pagando.
Lo que cambió entre aquel desastre y el barco de 1833 no fue el hielo.
El aislante era basura de curtidor. La bodega del Tuscany se forró con un pie de corteza molida de las tenerías, bien seca —el desecho de los pozos donde se curten las pieles—, otro pie de heno por encima y tablones de pino de una pulgada por los cuatro costados. Tudor llevaba veinte años probando desechos secos en vez de mantas, que chupan agua y la mantienen pegada al bloque: serrín de los aserraderos, heno, corteza. Lo que no cuesta nada aisló mejor.
Después vino la manera de cortarlo. En 1825, Nathaniel Wyeth, un empleado de Tudor, enganchó a un caballo una cuchilla dentada que iba rayando la superficie helada del estanque en cuadrícula, como quien marca una tableta de chocolate. Antes se arrancaban pedazos a hacha, con las caras torcidas: apilados dejaban huecos de aire, y por cada hueco entra calor. Con la cuchilla de Wyeth salían bloques iguales que se montaban unos contra otros sin junta.
En La Habana y en Charleston, Tudor ya había levantado neveras de ladrillo con doble pared para recibir sus barcos. En Calcuta no había nada. Mandó el cargamento sin saber dónde iba a descargarlo.
El Tuscany atracó en Calcuta, en el río Hooghly —el brazo del Ganges que llega hasta la ciudad—, el 10 de septiembre de 1833, y abrió la bodega el día trece. La descarga duró cuatro días.
Los residentes británicos de la ciudad bajaron al muelle a verlo. Muchos de ellos llevaban años en la India y no habían tocado hielo natural en su vida; lo que se vendía allí era el llamado hielo de Hooghly, unas costras finísimas que los jornaleros conseguían dejando agua de noche en cazuelas de barro al raso, en las semanas frías, y que se deshacían en la mano.
En tres días, por suscripción entre ellos, reunieron el dinero para una nevera en condiciones; mientras tanto, las cien toneladas se guardaron en la planta baja de una casa de Brightman's Ghaut, entablada y forrada de tablones a toda prisa para la ocasión. La ruta quedó abierta y el hielo de Nueva Inglaterra siguió entrando en Calcuta durante décadas, hasta que las fábricas de frío artificial lo echaron del mercado a finales de siglo.
De las ciento ochenta toneladas que salieron de Boston, cincuenta y cinco se habían derretido antes de llegar a Diamond Harbour, el fondeadero de la desembocadura; seis u ocho más se fueron río arriba, y unas veinte se perdieron en el propio desembarco, ya con el hielo a la vista de todo el mundo.