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Idea · Del catálogo de Margen

Pregunta «por qué» cinco veces

En las fábricas de Toyota, cuando una máquina se paraba, estaba prohibido conformarse con la primera explicación. El método, atribuido a Sakichi Toyoda y convertido en doctrina por los ingenieros de la casa, era de una simpleza brutal: preguntar «¿por qué?» unas cinco veces, hasta tocar fondo.

La máquina se ha parado. ¿Por qué? Ha saltado el fusible. ¿Por qué? El rodamiento iba forzado. ¿Por qué? Le faltaba lubricante. ¿Por qué? La bomba no lo enviaba. ¿Por qué? Su filtro estaba atascado. Cambiar el fusible resuelve la tarde; limpiar el filtro resuelve el problema.

Fuera de la fábrica funciona igual. «Llego siempre tarde.» ¿Por qué? Salgo justo. ¿Por qué? Remoloneo antes de salir. ¿Por qué? Me pesa lo que viene después. Y de pronto ya no hablas de relojes: hablas de un trabajo que te desgasta, que era la avería de verdad.

La regla práctica: cuando algo falle —un hábito, una discusión que se repite, un gasto—, no te quedes en el primer porqué. Es casi siempre un síntoma con buena presencia. Los problemas de verdad viven cuatro pisos más abajo.