← Todas las lecturas

Curiosidad · Del catálogo de Margen

El Coliseo tenía toldo (y lo manejaban marineros)

El anfiteatro más famoso del mundo tenía un problema muy poco épico: el sol. Las gradas eran de piedra, los espectáculos duraban horas y el verano de Roma no perdona. La solución fue el velarium: un inmenso toldo de lino y lona que cubría buena parte del graderío y dejaba el centro abierto, como un ojo.

Desplegarlo era una maniobra naval. Alrededor de la cornisa superior se alzaban más de doscientos mástiles de madera; entre ellos corría una red de cuerdas y poleas de la que colgaban los paños. La única gente de Roma capaz de manejar aparejos de ese tamaño eran los marineros de la flota imperial de Miseno, así que se destacaba un cuerpo de ellos en la ciudad para izar y recoger velas... en tierra firme, sobre un océano de espectadores.

Aún hoy, si visitas el Coliseo, puedes ver en el anillo superior las ménsulas y los huecos donde encajaban aquellos mástiles: el esqueleto de un techo que aparecía y desaparecía según el capricho del cielo.