
Surrey NanoSystems presentó en julio de 2014 un material tan oscuro que la vista no distinguía si un objeto recubierto era plano o abollado. Lo llamaron Vantablack —Vertically Aligned Nano Tube Arrays— y era un bosque de tubos de carbono de 14 a 50 micras de alto: la luz entraba entre ellos y no encontraba salida. Absorbe el 99,965 %. La NASA lo probó para pintar los interiores de telescopios y quitar reflejos parásitos. En 2016, el escultor Anish Kapoor firmó la exclusiva para uso artístico; ningún otro artista podía comprarlo. Stuart Semple, pintor británico, respondió sacando un rosa fluorescente llamado Pink que vendía a cualquiera menos a Kapoor —había que jurar en la web no ser él— y luego un negro casero, Black 3.0. Kapoor publicó una foto con el rosa manchándole el dedo corazón. La versión de fábrica sigue costando decenas de miles de libras por metro cuadrado y solo se fija sobre aluminio anodizado a 100 °C: si intentas rascarlo, se levanta el sustrato entero.