Microrrelato · Del catálogo de Margen
Dos euros de más cada carrera al portero del hotel

—Dos euros de más, Andrés. Como siempre.
Sonia le pasa el datáfono al portero del Hotel Playa. Andrés Fabra, 58 años, uniforme azul marino con galones dorados, coge el aparato con la mano izquierda, teclea sin mirar y firma.
—Y son ya —dice Sonia, mirando la libreta que lleva sobre el salpicadero— setenta y una carreras.
Es la 71 desde marzo. Sonia Duarte, 44 años, taxista de Cádiz, licencia 208, apunta cada una con la fecha y con dos rayas. La primera raya es lo que marcó el taxímetro. La segunda, dos euros.
—Ciento cuarenta y dos euros —añade Andrés—. Hoy los cierro.
Saca del bolsillo interior un sobre marrón. Dentro, billetes ordenados por valor. Cuenta ciento cuarenta y dos en efectivo y se los tiende por la ventanilla del copiloto.
—El taxímetro no llega a la salida del garaje del hospital —dice Andrés—. Y ahí es donde recoge a mi mujer cada jueves.
Sonia mete los billetes en la libreta. Los sujeta con la goma azul de los tickets, no con la roja de las multas.
—Nos vemos el jueves —dice.
—El jueves —dice Andrés—. Cuando lleguen a los dos mil, es que aún vive.