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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Islandia legalizó el vodka en 1935 y la cerveza en 1989

El 1 de marzo de 1989 Islandia legalizó la cerveza, y desde entonces ese día se celebra allí con nombre propio: Bjórdagurinn, el día de la cerveza. Tiene motivo la fiesta. Hasta esa fecha, un islandés podía entrar en la tienda estatal de licores y salir con una botella de vodka, pero no con un pack de cervezas.

La ley seca islandesa arrancó en 1915 y al principio fue lo que uno espera de una ley seca: prohibido todo. Lo extraño llegó después, porque no se levantó de golpe, sino a trozos, y ninguno de los trozos lo decidió un médico.

1. El primer trozo lo abrió España. Islandia vivía del bacalao y España era uno de sus grandes compradores. A comienzos de los años veinte, los exportadores españoles de vino presionaron a su gobierno y el argumento que llegó a Reikiavik fue sencillo: si Islandia no compra vino español, España no compra pescado islandés. A comienzos de aquella década el vino volvió a ser legal en la isla. Lo legalizó el comercio.

2. El segundo trozo lo abrió una votación. En 1933 los islandeses fueron a un referéndum sobre los licores y ganaron los partidarios de levantar la prohibición. En 1935 se legalizaron los destilados: ginebra, vodka, aguardiente, todo lo que pasara por la tienda del Estado.

3. Y la cerveza se quedó fuera. Concretamente, toda cerveza de más de 2,25 grados. Aquello no se le olvidó a nadie. Fue el precio que hubo que pagar para sacar adelante la votación de 1935. Las asociaciones abstemias tenían peso en el Parlamento, sobre todo entre los diputados rurales, y su argumento era de aritmética doméstica: la cerveza es barata, y lo barato se bebe más. También dijeron que los adolescentes caerían antes en una cerveza que en un vaso de aguardiente.

Así que durante cincuenta y cuatro años, de 1935 a 1989, Islandia tuvo una de las legislaciones más raras de Europa: lo fuerte, legal; lo flojo, prohibido. Quien quería beber compraba vodka, que es lo que había. En los bares se llegó a servir cerveza sin alcohol mezclada con un chorro de licor, para reconstruir por aproximación la bebida que el Estado no dejaba vender.

El levantamiento final tampoco lo firmó la ciencia. Entre 1935 y 1988 el Parlamento tumbó más de veinte intentos de derogación, casi siempre con el mismo argumento sanitario: la cerveza es barata, lo barato se bebe más, y los jóvenes caerían antes. Lo que terminó moviendo la votación de mayo de 1988 fue otra cosa: en el duty free del aeropuerto sí se podía comprar cerveza, de modo que la prohibición regía para unos islandeses y no para otros.

La cuenta final es la que conviene recordar. El Althingi, el Parlamento islandés, votó la derogación en mayo de 1988, y la cerveza llegó a las tiendas el 1 de marzo de 1989: setenta y cuatro años después del comienzo de la ley seca y cincuenta y cuatro después del vodka. En la tienda estatal islandesa, ordenada de menor a mayor graduación, el producto que más tardó en llegar al estante fue el primero de la fila.