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Microrrelato · Del catálogo de Margen

El patio

El patio de luces de mi edificio devuelve las voces, como todos. Me di cuenta un martes, tendiendo la ropa: se me cayó una pinza, dije «vaya», y lo oí dos veces. La primera no fue mía.

Hice pruebas con método de andar por casa. Conté hasta tres: el patio dijo «tres» un instante antes que yo. Probé palabras difíciles de adivinar —ornitorrinco, Villaconejos— y llegaron igual, medio segundo por delante, con mi voz exacta, como un apuntador que se sabe mi papel mejor que yo.

La vecina del cuarto, que lleva aquí cuarenta años, me vio asomado a la barandilla y no preguntó nada. Solo dijo: «No le dé conversación, que se viene arriba», y cerró su ventana sin esperar respuesta.

Anoche, al recoger la ropa de la cuerda, el patio habló sin que yo dijera nada: «Llámala». Mi voz, mi manera de tragarme la ele. Me quedé quieto, esperando mi turno como quien espera que pase un tren. No llegó: el patio nunca repite.

Hoy llevo todo el día con el teléfono en la mano. El patio calla, como quien ya ha hecho su parte.