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Idea · Del catálogo de Margen

Lo urgente casi nunca es importante

En 1954, Dwight Eisenhower —que antes de presidente fue el general que organizó el desembarco de Normandía— citó en un discurso la frase de un viejo rector universitario: «Tengo dos clases de problemas, los urgentes y los importantes. Los urgentes no son importantes, y los importantes nunca son urgentes».

De ahí nació la matriz que lleva su nombre: ante cualquier tarea, dos preguntas. ¿Es urgente? ¿Es importante? Salen cuatro cajones: lo urgente e importante se hace ya; lo importante sin prisa se agenda; lo urgente sin importancia se delega o se encoge; lo que no es ninguna de las dos cosas se suelta sin culpa.

La trampa que destapa es esta: lo importante casi nunca grita. Cuidar la salud, aprender algo, la conversación que llevas meses aplazando: nada de eso vibra en el bolsillo. Lo urgente, en cambio, llega siempre con timbre propio, y por eso gana todos los días que no decides tú.

La aplicación práctica cabe en una regla: reserva cada día un rato con nombre y hora para algo importante-no-urgente, antes de abrir el cajón de lo urgente. Es el único cajón que, si no lo abres tú, no lo abre nadie.