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Por capítulos · El puerto de los nombres cambiados · Del catálogo de Margen

Capitulo 5. El puerto se queda con lo que es suyo

Los disparos duraron menos que la sorpresa. Dos secos, sin eco, silenciados. Anglada se tiro al suelo por instinto, rodo hasta la barra y saco el arma, pero cuando levanto la cabeza no habia nadie en la puerta. Solo Estivill, sentado aun en su silla, con la cabeza inclinada como quien se ha dormido a media frase, y una flor oscura extendiendose sobre la camisa.

El coche de fuera ya no estaba. Habian venido a por el, no a por ella. La habian dejado viva a proposito, y esa era la respuesta que llevaba cuatro capitulos de su vida sin querer ver: si la dejaban viva, era porque alguien la queria util. Un testigo confuso. Una hermana rota removiendo el fango justo donde le convenia a alguien que removiera.

Repaso hacia atras, deprisa, como se repasa cayendo. Quien tenia acceso a su casa sin forzar la puerta. Quien conocia el expediente al detalle. Quien le habia dicho, con voz paciente, que Estivill firmaba los contenedores que no se abrian, dandole justo el hilo del que tirar. Quien llevaba tres semanas a su lado, ordenado y sereno, conduciendola paso a paso hasta aquel rompeolas.

Bru. El subinspector paciente. El que amaba el orden como otros aman el alcohol.

No tenia pruebas. Tenia algo peor: la certeza fria del que por fin ve el dibujo completo y entiende que llevaba dentro de el desde el principio. Bru trabajaba para lo que quedaba de la red de Restany. El correo sin manos habia venido a avisarla de que su hermano seguia vivo, y eso amenazaba con reabrir un puerto que llevaba veinte anos cerrado a cal y canto. Estivill era el ultimo que podia contar la verdad entera. Ahora ya no podia.

Anglada se levanto. Guardo el arma. Miro por ultima vez a Estivill, al hombre que se iba a casar con ella y que quiza, a su manera cobarde, habia intentado protegerla toda la vida. Despues salio al rompeolas. El mar estaba en calma, indiferente, con esa paciencia de las cosas que siempre ganan.

En el bolsillo llevaba la foto. Ella, veinte anos mas joven. Su hermano al fondo. Y ahora sabia que Aleix estaba vivo en algun puerto de otro pais, con otro nombre, esperando desde hacia dos decadas una senal que le dijera que ya podia volver.

Anglada saco el movil. Marco el numero de Bru. Necesitaba oir su voz una vez mas, ahora que sabia, para estar segura. El subinspector contesto al segundo tono, tranquilo, ordenado, de siempre.

-Nuria. Estas bien? Me tenias preocupado.

-Estoy bien -dijo ella, y su propia voz le sono ajena, mas dura, mas antigua-. Bru, ven al rompeolas. Hay un cuerpo. Y tenemos mucho de que hablar.

Colgo antes de que el contestara. El puerto, penso, siempre se queda con lo que es suyo. Pero esta vez, por primera vez en veinte anos, ella habia decidido que era suyo. Y fue caminando hacia los faros a esperar al hombre que iba a tener que mirarla a la cara mientras mentia. La marea empezaba a subir.