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Curiosidad · Del catálogo de Margen

El banco que guarda queso en la cámara acorazada

Desde 1953, el banco italiano Credito Emiliano ofrece a los productores de Parmigiano Reggiano un trato poco habitual: les presta dinero aceptando como garantía sus ruedas de queso.

El problema del parmesano es el tiempo. Necesita años de maduración antes de poder venderse, y durante todo ese tiempo el productor tiene su capital inmovilizado en forma de queso. El banco lo resuelve quedándose las ruedas en depósito y adelantando el dinero.

No las guarda de cualquier manera. Las ruedas —unos cuarenta kilos cada una— descansan en almacenes climatizados del propio banco, donde empleados especializados las voltean, las limpian y las inspeccionan dándoles golpecitos con un martillo, como haría el quesero. Si el productor devuelve el préstamo, recupera su queso ya madurado. Si no paga, el banco vende las ruedas: es una garantía que no se deprecia, sino que gana valor con los años.

En sus cámaras llegan a acumularse cientos de miles de ruedas a la vez. Probablemente sea la cámara acorazada que mejor huele del mundo.