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Microrrelato · Del catálogo de Margen

La parada de noche

El búho de la una y diez hace una parada que no existe. No viene en el plano, no tiene número, y de día en esa esquina no hay más que una tapia y un plátano enorme. La marquesina solo aparece bajo la luz amarilla de la farola, como si la farola la proyectara.

Nunca sube nadie. Bajar sí baja gente: siempre callada, siempre con cara de volver de muy lejos.

Esta noche me he quedado dormida y he despertado justo ahí, con la frente contra el cristal. He tocado el timbre sin pensarlo. El conductor me ha mirado por el retrovisor un segundo de más, pero ha abierto las puertas.

Era mi calle. No la he reconocido hasta que el autobús se ha ido: mi portal, con el número de siempre y la luz del descansillo parpadeando. Está a cuarenta minutos de esa esquina; hoy lo he comprobado en el plano, tres veces.

No se lo he contado a nadie. Pero ya no me da miedo perder el último tren: hay una parada que solo existe de noche y deja a cada uno exactamente donde necesita llegar.