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Idea · Del catálogo de Margen

El precio de la prisa

La prisa no ahorra tiempo: lo adelanta. Y todo lo que se adelanta, tarde o temprano, se paga con intereses.

Corremos convencidos de que ganamos minutos, pero solo los movemos de sitio. El correo enviado a medias vuelve como una tarde entera de disculpas. La decisión tomada de pie se sienta después durante semanas. El atajo cobra peaje al final del camino, no al principio.

Quien va despacio no pierde el tren: aprende a mirar los horarios. Y descubre que casi ningún tren era el suyo.