
El otoño no despide a las hojas: las deja ir como se deja ir una costumbre.
Hay un oro breve en los plátanos del parque, un oro que no se puede guardar en ningún banco, que solo cotiza tres semanas y luego quiebra en el suelo mojado.
Me gusta este mes que no promete nada: ni el verde ambicioso de abril ni la blancura solemne del invierno.
Octubre es honesto. Te dice: mira, todo cae, incluso lo que amaste, incluso tú; y aun así el aire huele a leña y a manzana partida, y da gusto tener frío para tener después la excusa de acercarse a algo tibio.
Hago la cuenta de lo perdido este año y me sale un número que el viento se lleva antes de que termine de sumarlo.