El rencor es un inquilino que paga alquiler con tu sueño. Y nunca, jamás, se muda solo.
Lo curioso del rencor es que se alimenta de ti mientras crees que castiga a otro. La persona que te hirió duerme tranquila en otra ciudad; tú le has reservado una habitación en la cabeza, con vistas, calefacción y desayuno incluido.
Perdonar no es absolver a nadie. Es cambiar la cerradura y recuperar el cuarto para vivir en él.