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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Venecia flota sobre un bosque invertido

Venecia no se apoya en roca: se apoya en madera. Cuando los primeros venecianos decidieron construir una ciudad en mitad de una laguna, clavaron millones de troncos de aliso, roble y alerce a través del lodo, hasta alcanzar una capa de arcilla compacta. Sobre ese bosque boca abajo pusieron plataformas de madera, y encima, la piedra.

Lo asombroso es que esos troncos siguen ahí, mil años después. La madera se pudre por hongos y bacterias que necesitan oxígeno, y bajo el lodo de la laguna apenas lo hay. Privados de aire, los troncos no solo no se deshacen: los minerales del agua los van impregnando poco a poco, hasta dejarlos casi tan duros como la piedra. El agua que debería destruirlos es su conservante.

Las cifras marean. Solo bajo la basílica de la Salute hay más de un millón de pilotes. El puente de Rialto descansa sobre unos doce mil. Cada palacio que ves flotar en las postales está en realidad de puntillas sobre un bosque prestado.

La ciudad más improbable del mundo se sostiene sobre lo más humilde que había a mano: árboles clavados al revés, aguantando en la oscuridad desde hace diez siglos.