
«Los secretos de la mente millonaria», de T. Harv Eker, defiende que cada persona lleva instalado un «termostato financiero»: un nivel de dinero que le resulta familiar y al que tiende a volver, gane lo que gane. Por eso hay quien recibe una herencia y la evapora, y quien con sueldo modesto construye patrimonio.
Según Eker, ese termostato se programa en la infancia con las frases que oímos sobre el dinero: que corrompe, que no crece en los árboles, que los ricos son avariciosos. De adultos obedecemos ese guion sin saber que existe.
Quitando el envoltorio de seminario, lo aprovechable es concreto: escucha lo que te repites sobre el dinero, porque acabas gastando como piensas. Y ordena lo que tienes, aunque sea poco: quien no gestiona 100 € tampoco gestionará 10.000.