
En «Un paseo aleatorio por Wall Street», Burton Malkiel lanzó una provocación célebre: un mono con los ojos vendados tirando dardos a las páginas de cotizaciones podría formar una cartera tan buena como la de muchos expertos.
Su argumento es que los precios a corto plazo se mueven de forma tan impredecible que intentar adelantarse al mercado es un juego perdedor una vez descontadas las comisiones. Los estudios que comparan fondos de gestión activa con sus índices llevan décadas apuntando en la misma dirección: a largo plazo, la gran mayoría no logra batirlos.
La conclusión de Malkiel no es rendirse, sino simplificar: comprar el mercado entero con fondos indexados baratos, diversificar y dejar que el tiempo haga el trabajo aburrido. En finanzas, el aburrimiento cotiza al alza.