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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Los aviones que volvieron mintieron

En plena Segunda Guerra Mundial, el ejército estadounidense estudiaba sus bombarderos al volver de cada misión y anotaba dónde se acumulaban los agujeros de bala: fuselaje, alas… El plan parecía obvio: reforzar las zonas más acribilladas.

El matemático Abraham Wald, del Grupo de Investigación Estadística de Columbia, le dio la vuelta al mapa: había que blindar justo donde los aviones que volvían no tenían agujeros. Los impactos que faltaban —motores, cabina— no faltaban porque el enemigo no acertara ahí, sino porque los aviones tocados en esas zonas no volvían para ser contados.

Lo llamamos sesgo del superviviente: sacar conclusiones mirando solo a los que sobrevivieron. Y hoy infla la rentabilidad aparente de los fondos de inversión: los malos se cierran o se fusionan, desaparecen de las estadísticas, y la media que te enseñan se calcula solo con los vivos.

Antes de admirar a un superviviente —un fondo, una empresa, un gurú—, pregunta siempre por los que no salen en la foto. Ahí suele estar lo que importa.