
En 2003, dos investigadores de Chicago y el MIT hicieron una prueba con un catálogo de ropa real: el mismo vestido se ofreció a 34, 39 y 44 dólares. Ganó el de 39. Subir el precio aumentó las ventas, siempre que terminara en nueve.
La explicación se llama efecto del dígito izquierdo. Leemos de izquierda a derecha y el cerebro ancla el valor en la primera cifra: 9,99 se archiva como «nueve y algo», aunque esté a un céntimo de diez. Procesamos el precio antes de terminar de leerlo.
Por eso los precios acabados en 9 dominan escaparates, gasolineras y supermercados desde hace más de un siglo. No es tradición: es que funcionan, y las empresas lo han medido mil veces.
La próxima vez que veas un 9,99, haz la corrección tú mismo: di «diez» en voz alta. Es asombroso lo que cambia la compra.