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Poema · Del catálogo de Margen

La enfermera dice un nombre y ocho cabezas suben

Cuarenta y una sillas de plástico azul y ocho personas repartidas para no tocarse.

Cada vez que se abre la puerta del fondo subimos la cabeza a la vez, como en misa, y a la vez la volvemos a bajar.

Yolanda Pardo, enfermera de triaje, lleva desde las tres diciendo apellidos ajenos.

Somos ocho y los ocho llevamos la cuenta de quién entró después que nosotros.

Dos horas aquí: once nombres dichos, y ninguno era el nuestro.