Microrrelato · Del catálogo de Margen
Una mujer abrió mi puerta y dijo llamarse como yo

—Amadeo Rueda, negociado de padrón. Le leo literal lo que puso el inspector, señora Alcorta, que es lo único que tengo. —Léalo. —Teodoro Lamas, inspector. Visita del 12 de marzo, once cuarenta. «Abre una mujer. Manifiesta que la titular se mudó hace dos años y que ella ocupa la vivienda con permiso.» Y firma debajo. —Yo despacho en la farmacia de la calle Ancha de nueve a dos. El 12 de marzo estaba detrás del mostrador, con dos compañeras. —Ya. El problema es que la baja está tramitada y su hija pierde la plaza del colegio el 30 de septiembre. —Deme el nombre de esa mujer. —Ahí es donde me atasco yo. En la casilla de la firma pone Nieves Alcorta. Con otra letra, pero el documento que le enseñó a Lamas es el suyo, dígito de control incluido. —Eso no puede ser. —Le he pedido a Lamas que vuelva mañana y me diga si reconocería a quien le abrió. Dice que no hace falta. —¿Y por qué no hace falta? —Porque me ha dicho que esa señora le enseñó el mismo recibo de la luz que me está enseñando usted ahora.