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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Tiraron la botella en 1886 y la abrieron en 2018

El 12 de junio de 1886, el capitán del velero alemán Paula anotó a mano la posición de su barco en un formulario impreso, lo enrolló, lo metió en una botella de ginebra holandesa y la tiró por la borda en mitad del océano Índico. Nadie volvió a tocar ese papel hasta el 21 de enero de 2018, ciento treinta y un años después y al otro lado del mundo.

Lo hizo porque formaba parte de su trabajo. Desde 1864 había en marcha un experimento de deriva que pedía a los capitanes de la marina mercante alemana lanzar botellas numeradas en rutas conocidas, para dibujar por dónde se movían las corrientes del mar. La dirección impresa en el papel era la del observatorio naval de Hamburgo, que desde 1875 se llamó Deutsche Seewarte y se quedó con el programa. El formulario tenía casillas que rellenar: fecha, latitud, longitud, nombre del barco, puerto de matrícula. Y una instrucción impresa en varios idiomas para quien lo encontrase: apunte dónde y cuándo apareció, y devuelva el papel al observatorio de Hamburgo o al consulado alemán más cercano.

El experimento duró sesenta y nueve años y se cerró en 1933. Se lanzaron miles de botellas y volvieron 662 formularios. El de la Paula no estaba entre ellos, y nadie lo reclamó en vida de ninguna de las personas que lo habían tocado.

Aquella mañana de enero, Tonya Illman caminaba por las dunas de Wedge Island, a unos 180 kilómetros al norte de Perth, en la costa de Australia Occidental. Vio un cuello de cristal asomando de la arena y recogió la botella pensando que quedaría bonita en una estantería. Al volcarla cayó un rollo de papel atado con un cordel, húmedo y apretado de ir enrollado tantos años. En casa lo secaron un rato en el horno a temperatura baja para poder desplegarlo sin partirlo. Era el formulario, con la fecha escrita a mano y la tinta aún legible.

La comprobación la hizo el Museo de Australia Occidental, en Fremantle. Ross Anderson, su conservador de arqueología marítima, pidió ayuda a los archivos navales y meteorológicos alemanes y holandeses. El cuaderno de bitácora de la Paula, conservado en Alemania, tenía una entrada del 12 de junio de 1886 que registraba el lanzamiento de una botella en esa posición exacta. La letra del diario de a bordo y la letra del formulario eran la misma mano. El número impreso del formulario coincidía además con la serie del programa.

Guinness lo homologó como el mensaje en una botella más antiguo recuperado: 131 años y 223 días entre el lanzamiento y el hallazgo. El récord anterior eran 108 años y 138 días, y era de otra botella y de otro experimento: la soltó en 1906 la Marine Biological Association de Plymouth y apareció en 2015 en la isla alemana de Amrum. La de la Paula le quitó veintitrés años de golpe.

Los investigadores que estudiaron el estado del papel y la dinámica de las corrientes de la zona calcularon cuánto tiempo había pasado la botella en el agua. Lo más probable es que llegase a esa playa en menos de doce meses, arrastrada por la corriente de Leeuwin, y que se quedara enterrada en la duna hasta que Tonya Illman tropezó con el cuello de cristal. El viaje duró un año. Los otros ciento treinta los pasó en esa duna, en tierra firme, a la vista de cualquiera que hubiese cavado un palmo.