Curiosidad · Del catálogo de Margen
En 1963 salieron 9.862 patinadores y llegaron 127

El 18 de enero de 1963, todavía de noche, tomaron la salida en Leeuwarden —capital de Frisia, la provincia del norte de los Países Bajos— 9.862 patinadores. Llegaron 127. La Elfstedentocht, carrera sobre canales helados cuyo nombre significa «la ruta de las once ciudades», acababa de producir su edición más brutal, y desde entonces se la conoce como el Infierno del 63.
De los 568 corredores inscritos en la prueba de competición terminaron 58. De los 9.294 que salieron en la marcha popular, la parte abierta a cualquiera, terminaron 69. Ese 69 es el número que se ha quedado en la memoria, pero el total de personas que cruzaron la meta aquel día fue 127: uno de cada setenta y ocho que habían salido.
Reinier Paping, maestro de escuela y patinador neerlandés, entró el primero después de diez horas y cincuenta y nueve minutos sobre el hielo, con el viento de cara y la escarcha pegada a la ropa. La ventisca de aquella mañana tapaba las señales colocadas sobre los canales y reducía la visibilidad a unos metros. Algunos participantes se desorientaron y acabaron lejos del recorrido; otros sufrieron congelaciones, caídas o agotamiento, y los puestos de control retiraban a quienes ya no podían seguir con seguridad.
El recorrido une once localidades frisias a través de canales, lagos y tramos cortos de tierra en los que hay que caminar con los patines puestos. Suma casi 200 kilómetros, casi cinco maratones seguidos, y no se recorre sobre una pista preparada: toda esa red de agua tiene que aguantar durante horas a competidores, aficionados, controles y equipos de asistencia.
Por eso la asociación organizadora exige quince centímetros de hielo en todo el itinerario. Un canal bien congelado en una ciudad no sirve de nada si otro tramo conserva una capa fina. Los inspectores perforan el hielo, comparan mediciones y vigilan puentes, corrientes y puntos donde el agua tarda más en endurecerse; la salida solo se anuncia cuando el trayecto completo aguanta.
Nadie sabe tampoco cuándo se corre la siguiente. La primera edición oficial se disputó en 1909 y, contando aquella, solo se ha corrido quince veces en más de un siglo. Puede volver al cabo de dos inviernos o desaparecer durante décadas, porque ningún calendario obliga a los canales a congelarse.
Cuando el hielo parece acercarse al grosor necesario, Frisia entera se pone en guardia. Se revisan rutas, se preparan puestos y miles de personas siguen los boletines meteorológicos. Una semana templada deshace el trabajo de varias noches de heladas, y la nieve, aunque caiga con temperaturas bajas, funciona como aislante y frena el crecimiento de la capa sólida.
La última salida se dio el 4 de enero de 1997. Ese día los patinadores volvieron a cruzar las once ciudades, pero ninguna ola de frío posterior ha dejado el hielo a quince centímetros de punta a punta. Desde aquella mañana han pasado veintinueve inviernos sin una decimosexta Elfstedentocht.