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Poema · Del catálogo de Margen

El cargador

Se quedó enchufado junto a la cama, con su ojo verde encendido, alimentando a nadie.

Es lo último que brilla en la casa cuando todo se apaga: el faro de un puerto al que ya no llega ningún barco.

De día nadie lo ve. De noche ordena su lucecita sobre la mesilla, puntual como un empleado que no se ha enterado de que cerró la empresa.

Nadie lo desenchufa. Desenchufarlo sería admitir que el teléfono que dormía aquí carga ahora en otra pared, bebe de otra corriente, amanece en otra casa.