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Poema · Del catálogo de Margen

A las cuatro, la farmacia solo abre la ventanilla

Llama el tercero de la noche a las cuatro y diez: un padre con receta de ibuprofeno infantil.

Rocío, farmacéutica de guardia, no abre la puerta. Abre veinte centímetros de ventanilla, cobra tres euros con veinte, repite el intervalo entre dosis y vuelve al taburete a esperar al cuarto.

Fuera hay un banco y una máquina de tabaco apagada. Y tú, el cuarto, que has venido andando veinte minutos porque a las once no era para tanto.