Microrrelato · Del catálogo de Margen
Cinco meses cerrada, la 217 tiene la luz encendida

—Merche, la 217 tiene luz. ¿Has metido a alguien? —La 217 está cerrada desde marzo, Ana. Desde don Rafael. —Pues alguien hay dentro. —¿Has llamado? —Llevo dos vueltas oyendo la tele bajito.
Ana Correal, veinticuatro años de turnos de noche en el Hospital Provincial de Zamora, coge el maestro y baja el picaporte con las dos manos. La habitación 217 tiene la lámpara del cabecero encendida, la cama abierta y una mujer dormida encima de la colcha, con un abrigo de paño doblado a los pies.
—Elena. La viuda de don Rafael Espinosa abre los ojos y se sienta despacio, como quien lleva meses ensayando levantarse a oscuras. —No consigo dormir en casa. Aquí sí. Vengo a las once y me voy a las seis. No se lo digas a nadie. —¿Cuánto llevas? —Cinco meses. Ana mira el pasillo, la cámara del techo apagada. Cierra la puerta, apaga la lámpara y pone el pestillo por dentro. —A las seis vuelvo con un café. No le digas a Merche que la desperté.