Idea · Del catálogo de Margen
Gastar la batería del todo es un consejo de los años 80

Tu móvil no necesita que lo dejes morir. Vaciarle la batería hasta que se apague solo le añade desgaste, y no compra nada a cambio. El ritual de apurar hasta el cero viene de unas pilas que ya casi nadie tiene en casa.
1. Deja de perseguir el cero.
El efecto memoria era de las de níquel-cadmio, las recargables grises de las cámaras y los taladros de hace cuarenta años. Si las enchufabas siempre a media descarga, acababan comportándose como si su capacidad fuera esa media. De ahí salió la costumbre familiar de apurar la batería antes de cargarla, y de ahí no se ha movido desde entonces.
La mayoría de móviles, portátiles y patinetes de hoy llevan ion de litio, que es otra química. Una descarga profunda le cuesta vida útil.
2. Sí, en el litio también encontraron memoria. Y no dice lo que crees.
En 2013, un equipo del Instituto Paul Scherrer, el gran laboratorio público suizo, publicó en Nature Materials un efecto memoria en el LiFePO4 —el litio de las bicis eléctricas y las caravanas, no el de tu teléfono—, y les bastaba un solo ciclo parcial para provocarlo. El trabajo se hizo con los laboratorios de investigación de Toyota.
Lo que encontraron es un desplazamiento pequeño del voltaje. Eso despista al sistema que traduce voltaje en porcentaje, y el aparato puede calcular mal cuánta carga le queda. No come capacidad. El hallazgo no rescata el viejo consejo: lo deja peor, porque enseña que el número de la pantalla es lo primero que miente.
3. Cambia una descarga larga por varias cortas.
Aquí conviene saber qué es un ciclo, porque no es enchufar el cable: un ciclo es una carga completa sumada, así que dos medias cargas cuentan como uno, no como dos. Battery University, la web técnica del fabricante de instrumentos Cadex, lleva años publicando sus mediciones: cuenta cuántos ciclos aguanta una celda de litio NMC —níquel, manganeso y cobalto, la de los móviles— antes de quedarse en el 70 % de su capacidad.
Vaciarla entera cada vez: unos 300 ciclos. Gastarle tres quintas partes: unos 600. Gastarle una quinta parte y enchufar: unos 2.000. Es la misma celda; lo único que cambia es hasta dónde la dejas bajar. Las cifras cambian con la química, la temperatura y el protocolo de prueba. El orden entre ellas, no.
4. Usa el tope del 80 % los días normales.
Muchos móviles nuevos traen un limitador que corta la carga en el 80 %. Parar antes del final multiplica los ciclos. La tabla de tensiones de Battery University lo enseña sin adornos. A 4,20 voltios por celda, que es el 100 % de toda la vida, salen entre 300 y 500 ciclos. A 4,00 voltios te quedas con el 73 % de la energía y llegas a entre 850 y 1.500.
Ningún teléfono te deja elegir voltios, así que el interruptor del 80 % es la versión doméstica de esa tabla. El tope del 80 % te da más meses de batería. Los días que necesites autonomía entera, apagas el tope y ya.
5. El calor hace más daño que cualquier ritual.
Por encima de 30 grados una batería ya está en zona caliente. El calor con la batería llena hace más daño que el calor solo. Guardada un año a plena carga, a 25 grados conserva alrededor del 80 % de su capacidad. La misma batería, el mismo año, a 40 grados: el 65 %.
Traducido a tu casa: el móvil cargando encima del radiador, o dentro del coche en agosto con el enchufe puesto, envejece más deprisa que si lo usaras sin parar.
6. Si lo vas a guardar meses, déjalo a la mitad.
Un portátil que va a pasar el invierno en el altillo se estropea más por estar guardado lleno y caliente que por usarse. Cárgalo hasta la mitad antes de meterlo, y busca el sitio más fresco de la casa. El trastero no lo es. Y no lo guardes al 0 %: una batería que pasa meses vacía puede no volver a arrancar nunca.
Activa el tope del 80 % si tu teléfono lo tiene, enchúfalo antes de que se apague, quítalo del sol y del radiador, y deja de gastar batería solo para cumplir el viejo ritual.