
El ascensor de mi edificio tiene un botón más que pisos. Nadie lo pulsa nunca.
Anoche, cansado, lo apreté sin pensar. Las puertas se cerraron y el ascensor bajó mucho más de lo que debería, mucho más de lo que mide el edificio.
Cuando se abrieron, di los buenos días por costumbre. Al otro lado, mucha gente que llevaba años sin verme me los devolvió, encantada.