
De niño dibujé un mapa del tesoro y enterré una caja de galletas en el jardín de mis padres. Treinta años después, al vender la casa, volví a desenterrarla.
Dentro estaba lo que había escondido: una nota con mi letra torcida que decía «Hola, yo del futuro».
Debajo, con una caligrafía que no era la mía, alguien había añadido: «Hola. No vendas la casa».