
Cuando una abeja exploradora encuentra un buen campo de flores, vuelve a la colmena y lo cuenta bailando.
Es la «danza de la abeja»: mueve el abdomen mientras avanza en línea recta, y el ángulo de esa línea respecto a la vertical le dice a las demás en qué dirección está el alimento respecto al sol. La duración del meneo indica la distancia.
Descifrarlo le valió a Karl von Frisch el Nobel en 1973. Un idioma hecho de pasos de baile, perfeccionado durante millones de años.