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Microrrelato · Del catálogo de Margen

Coleccionista

Mi hija guarda en una cajita de latón los dientes que se le caen. Es una costumbre tierna, pensaba yo, de esas que uno recuerda con ternura cuando los hijos ya son mayores.

Ayer, mientras ella dormía, abrí la caja para contarlos. Doce dientes pequeños, blanquísimos, alineados como semillas.

Solo se le han caído cuatro. Lo sé porque yo misma guardé las monedas bajo su almohada, una por una, contando las noches.

Por la mañana le pregunté, con toda la calma que pude fingir, de quién eran los otros ocho. Ella dejó la cuchara, me miró y sonrió con toda la boca.

Estaba completa. No le faltaba ni uno. Treinta y dos dientes perfectos, y en el fondo de sus ojos, la certeza tranquila de quien todavía tiene mucho sitio en la caja.