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Idea · Del catálogo de Margen

Tienes menos opiniones propias de las que crees

Haz la prueba: coge una convicción que defenderías con fuerza mañana en una discusión y pregúntate honestamente de dónde salió. Casi nunca la razonaste tú desde cero. La heredaste de tu familia, la copiaste de alguien que admiras, o la absorbiste de un feed sin darte cuenta.

Esto no es una acusación: es imposible pensarlo todo por uno mismo, y confiar en otros es parte de cómo funciona una mente sana. El problema es confundir lo alquilado con lo propio.

Una idea heredada que examinas se vuelve tuya. Una idea heredada que nunca miras te gobierna sin que lo sepas. La diferencia entre pensar y repetir no es tener ideas originales: es haberse detenido, al menos una vez, a preguntar «¿y esto por qué lo creo yo?».