
La energía que ahora mismo te calienta nació en el núcleo del Sol, donde la fusión aplasta átomos de hidrógeno a quince millones de grados. Desde allí hasta la superficie hay unos 700.000 kilómetros. A la velocidad de la luz, el trayecto debería durar poco más de dos segundos.
Pero el interior del Sol es un atasco monumental. La energía avanza a trompicones: la materia la absorbe y la reemite una y otra vez, en un zigzag caótico con infinitos desvíos. Según los cálculos, escapar del Sol le lleva desde miles hasta más de cien mil años.
Una vez fuera, todo es velocidad: cruza 150 millones de kilómetros de vacío en ocho minutos y veinte segundos. Así que el rayo de sol de esta mañana es un recién llegado… con una historia más antigua que las pinturas de Altamira.