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Curiosidad · Del catálogo de Margen

Diez días mirando un trozo de cielo vacío

En diciembre de 1995, los responsables del telescopio Hubble hicieron una apuesta arriesgada: apuntar durante diez días a un fragmento de cielo minúsculo y aparentemente vacío, cerca de la Osa Mayor. Un trozo tan pequeño como un grano de arena sostenido con el brazo estirado. Muchos lo consideraban un desperdicio de un telescopio carísimo.

La imagen final, sumando cientos de exposiciones, mostró unos tres mil puntos de luz. Casi ninguno era una estrella: eran galaxias. Cada una con miles de millones de estrellas, algunas tan lejanas que su luz llevaba viajando la mayor parte de la historia del universo.

Aquella foto, el Campo Profundo del Hubble, enseñó algo vertiginoso: no existe el cielo vacío. Elige el rincón más negro de la noche, mira con suficiente paciencia, y encontrarás miles de galaxias esperando. La nada estaba llenísima.